Una voz que pudiera ayudar donde nosotros no llegábamos

La idea del asistente virtual nació de una experiencia en otro proyecto de Kleinson, mi consultora de formación, donde ya habíamos trabajado con formadores virtuales. Al ver sus posibilidades, pensamos que esa tecnología podía tener sentido también para acompañar a personas con deterioro cognitivo.

Pero fue lo que estábamos viviendo con mi madre lo que me hizo entender para qué lo necesitábamos. Una cosa era imaginar un acompañante virtual y otra encontrar una situación cotidiana en la que pudiera ayudarnos. En nuestro caso, esa situación llegó con la medicación.

Las pastillas y las discusiones en casa

Dentro de un tratamiento experimental, mi madre tenía que tomar varias pastillas al día, además de su medicación habitual. Organizar las tomas se convirtió en un problema: se negaba en rotundo a utilizar un pastillero y se negaba todavía más a que mi padre le recordara que tenía que tomárselas.

Para ella, aquellos recordatorios eran motivo de enfado. Para nosotros, eran una preocupación enorme, porque había días en los que no teníamos claro si se había tomado la medicación o no. Sabíamos la importancia que tenía seguir las indicaciones del tratamiento, pero no encontrábamos una manera de acompañarla que no acabara generando tensión.

Era aproximadamente a principios de 2026, la misma época en la que podía desayunar tres veces porque no recordaba que ya había desayunado. Nos encontrábamos con dos dificultades relacionadas: ayudarla a recordar lo que tenía que hacer y saber qué había hecho ya.

Ahí pensé que, si conseguíamos desarrollar un asistente virtual que le recordara esas cosas y le preguntara por ellas de una forma que no le resultara intrusiva ni provocara rechazo, habríamos conseguido algo muy valioso.

Cambiar la forma de recordárselo

Mi idea era que el recordatorio llegara de una voz ajena a la familia, dentro de un entorno que pudiera resultarle familiar. Me preguntaba si así lo recibiría de otra manera y podríamos evitar algunas de las discusiones con mi padre.

El asistente podía recordarle una toma y preguntarle después si se había tomado la medicación. También podía preguntarle si había desayunado o recordarle que bebiera agua. Sus respuestas quedarían registradas para que nosotros pudiéramos consultarlas y disponer de más información sobre su día.

Ese registro recoge lo que la persona responde. Que confirme una toma no garantiza que la haya realizado, por lo que la familia sigue teniendo que supervisar la medicación. Aun así, contar con esos recordatorios y respuestas era una forma de apoyar una rutina que en casa nos estaba costando muchísimo gestionar.

Para mí, la manera de hacerlo era tan importante como la función. Una voz que interrumpe, insiste demasiado o se dirige a mi madre como si fuera una niña perdería todo el sentido. Quería que la interacción fuera respetuosa, sencilla y suficientemente natural como para que pudiera aceptarla.

Mucho más que un recordatorio

Ha sido una de las funcionalidades más complicadas de implementar. Conseguir que un asistente tenga sentido dentro de una aplicación como esta exige pensar en cómo habla, cuándo interviene y qué ayuda está ofreciendo en cada momento.

Con el desarrollo fuimos descubriendo posibilidades que ampliaban aquella primera idea: recordar la realización de actividades, acompañar el repaso del día, facilitar el uso de la aplicación y ofrecer momentos de interacción a personas que pasan tiempo solas.

Ahí es donde empecé a ver lo que hacía especial esta funcionalidad. El asistente podía conectar distintos espacios de MeetMJay y ayudar a que la persona los utilizara. La agenda, las actividades o los recordatorios adquirían otra dimensión si había una guía que facilitara acceder a ellos.

En el caso de quienes pasan tiempo solos, queríamos explorar también esa posibilidad de acompañamiento, manteniendo el contacto con la familia y con quienes les cuidan como parte esencial de su vida. El asistente aporta un apoyo adicional dentro de esa relación.

La funcionalidad estrella

Hoy diría que el asistente virtual es la funcionalidad estrella de MeetMJay, tanto por la dificultad que ha supuesto desarrollarlo como por las posibilidades que reúne. Su origen, sin embargo, está en algo muy concreto: mi madre rechazando el pastillero, mi padre intentando recordarle la medicación y nosotros sin saber algunos días si se la había tomado.

De aquella preocupación salió la idea de buscar otra forma de acercarnos a ella. Después llegaron más usos, pero la intención sigue siendo la misma: que la tecnología nos ayude a acompañarla con menos tensión y a mantener presentes esas pequeñas cosas del día a día que para nuestra familia se habían vuelto tan importantes.

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