Empiezo esta serie de artículos para compartir lo que ha sido nuestra experiencia con esta enfermedad.
A pesar de saber la importancia que esta experiencia puede tener para mucha gente, la verdad que me ha sido complicado enfrentarme a ello pero, aquí vamos:
Antes de empezar a compartir cómo empezó todo creo que es muy importante compartir con vosotros cómo ha sido y como es la protagonista de todo MJ.
Mi madre se llama María José, en su pueblo de Navarra, la llamaron siempre la Pirula y, mis amigos, haciendo alusión a su carácter estricto la empezaron a apodar MJ.
Para mí, durante 51 años fue «mamá». Ahora la llamo «Madre», porque siento que esa palabra expresa el reconocimiento y el respeto que quiero darle.
La madre que conocimos durante 50 años
Mi madre siempre ha sido un terremoto. Madre de cuatro hijos varones, entendió muy pronto que, con cinco hombres en casa, tenía que imponerse para que no nos la comiéramos. Y se imponía. Tenía muchísimo carácter y una manera de llevar la familia que dejaba poco espacio para discutir quién mandaba.
Era autoritaria, poco cariñosa y, a veces, su forma de imponerse podía resultar castradora. También era muy proveedora, volcada en que tuviéramos lo que necesitábamos desde la practicidad y no desde el cariño. Ambas cosas formaban parte de nuestra experiencia como hijos, y para hablar de ella necesito poder contarlas juntas. Su manera de cuidar convivía con un carácter que no siempre hacía fácil la relación.
Ella también tenía su propia historia. Creció con un padre déspota, una experiencia que considero importante para comprender cómo era y cómo se relacionaba con nosotros. Al escribir sobre mi madre, aparece también esa parte de su vida: lo que vivió antes de tenernos y el peso que aquello pudo tener en su forma de ser.
Pero si algo la caracterizaba era que no se detenía fácilmente ante nada. No tenía miedo a intentarlo, y una de sus frases favoritas era «El no ya lo tienes». En eso me reconozco mucho en ella: en la disposición a probar, a preguntar y a buscar una manera de hacer las cosas. También tenía un impulso muy suyo de ayudar al más débil, otra parte de su carácter que quiero contar en esta historia.
Cuento esto porque, en algunos casos, dentro de todo esté caos y tristeza que genera la enfermedad, en nuestro caso, esta, te da una alegría.
Mi madre del último año no tiene absolutamente nada que ver con la persona autoritaria y poco cariñosa con la que vivimos 50 años.
Se ha convertido en una ancianita adorable, cariñosa, que busca siempre el abrazo y un beso. Vulnerable y evitando el conflicto, algo que contrasta mucho con la madre que he conocido durante la mayor parte de mi vida. Por eso me sale hablar de aquel carácter en pasado. Ese contraste forma parte de lo que estoy viviendo como hijo, pero para explicar lo que está cambiando necesito empezar por contar quién es ella.
Mi padre mis hermanos y yo nos llevamos eso, en esencia, mi madre era así como es ahora, la vida le hizo poner capas y capas de autoridad y frialdad para protegerse.
A pesar de la enfermedad, esta es MJ.